domingo, 23 de agosto de 2015

Tú misma


Supongo que no siempre salen las cosas como esperamos. Que una palabra mal dicha puede sentirse como un balazo en el corazón, o una acción fuera de contexto un huracán demoledor. La sensación de miedo a todo, a perder lo que amas, tu razón de ser, tu sentido... A que te lo alejen con facilidad inusitada aún si es inconscientemente. La rabia que te recorre de dentro a fuera cuando te sientes inútil, impotente, cuando crees realmente como mantra de vida, que estás destinada a sentirte inferior, a estar en constante guardia, a tensarte cada vez que algo no te cuadra o te incomóda aún sin motivo. Cuando piensas que los años juegan en tu contra cuando realmente importa la intimidad y el amor con el que se trata a una persona.
Intentas mantenerte firme, creer que todo está bien, y sin embargo solo puedes poner ni siquiera una sonrisa falsa, tan solo una mueca lastimosa que deja entrever la verdadera batalla que, a cada minuto, se libera en tu interior. Una polémica que en principio no tendría que tener lugar sino en el olvido, pero que sin duda, la estás sufriendo en carne viva. Y es que tú mismo te rebelas contra ti. Ese momento en que pones en juego toda tu moral adquirida con la experiencia de la vida, toda tu buena voluntad, tus ganas de hacer bien, contra toda la parte rebelde, intempestiva, a veces necesaria, pero mayormente cruel, como caballo desbocado. Sientes la necesidad de proteger lo tuyo, aunque en la realidad no haya nada que proteger porque todo está claro, tanto como el agua, pero te rasguña remarcarlo, más por seguridad propia que por otra cosa, ante tus temores. 
Cuando sientes que por mucho que se hablen las cosas, ese sentir no quiere desaparecer, necesita ser arrancado con fuerza. Tratas de buscar apoyo en el exterior, y cuando lo encuentras, enseguida te ves reflejada y te consuelas, piensas que es normal sentirse así cuando estás ante algo que te es extraño e inaccesible por momentos. Y pasan los días en curiosa calma...

Y entonces todo vuelve a empezar, retorna aquella opresión en el pecho, las lágrimas que jamás quisiste derramar comienzan a recorrer caminos por tu rostro, haciendo que te sientas peor, porque odias sentirte así, porque te gritas mentalmente, una y otra vez, que no es justo auto torturarse de esta forma, que no hay razón para sentirte así, y le preguntas a tu contraparte malvada si no se cansa de esta situación, porque estás completamente segura de que, aunque sea un poquito, ella también sufre. Y entonces te detienes, por casualidad, o tal vez no, levantas la vista de tu barullo mental y te das cuenta de que te encuentras frente a un bonito espejo sin marco, de tu altura, y te ves reflejada con nitidez. Tus ojos están rojos, y tus nudillos blancos de tanto apretar la almohada para que tu llanto no se oiga. Una imagen realmente desoladora. Algo dentro te dice que escuches con atención, porque seguramente tengas a alguien susurrándote cosas en ese momento. Bufas resignada porque lo único que te rodea es el silencio y piensas "Como siempre", y estás a punto de irte, pero entonces lo oyes. Tu mirada te llama y te quedas parada en el sitio, escuchándola. Aquella voz que todo este tiempo acallaste con rudeza, haciéndola imperceptible para tus sentidos, porque estabas demasiado cegada con tu alrededor como para ver las cosas, y demasiado hundida en tus sentimientos como para sentirlas.

"Deja de machacarte y valórate de una vez" me repite constantemente ella. Me decido a escucharla con más atención mientras que ésta cobra fuerza. Me pide que ponga un poquito más de esfuerzo y trate de ver que realmente no todo son dechados de virtudes, que también hay defectos y que lo que a uno le hace fuerte, al otro le hace débil, y viceversa. 
Que la vida es demasiado corta para preocuparse por eso, y que el amor es muy bonito como para arriesgarlo con inseguridades. Que la confianza es el mejor arma y que una sonrisa puede hacer más bella a una persona, si es sincera, que muchos kilos de maquillaje.
Que las cosas no son lo que parecen y que incluso las personas más perfectas son las que más necesitadas de amor están.
En ese momento te vuelves a fijar en tu reflejo, y asombrada descubres que está cambiando. Te sonríe devolviéndote el brillo de tus ojos y te alivia el dolor de las manos y la carga que portabas sobre tus hombros.

Ahora, sentada mientras miro en el horizonte la nueva senda que surgió mágicamente para mí, aquella que necesita ser recorrida, que promete enseñarme las cosas tal y como son y acallar las innecesarias, y escuchando siempre aquella voz que nació en mi interior para levantarme antes incluso de que me zambulla en el suelo, es la que me señala todos aquellos detalles que pasé por alto, y es, justamente ella, la que se encarga de domar mis temores y apaciguar esta leonera.







lunes, 9 de febrero de 2015

SOY YO QUIEN DEBERÍA CAMBIAR LAS COSAS

La noche cae. Un parque oscuro. Unos amigos que van a tomar algo juntos. Una pandilla que anda con ganas de pelea. Sus caminos se entrecruzan. Nervios, sangre, gritos. Dos heridos, uno de ellos de gravedad. Dos espectadores, un cobarde, una bloqueada y otra desesperada. Un amigo que protegió al otro. Realmente se demostró aquella noche que todavía existen esos "Amigos que son como la sangre que acude rápidamente a la herida".
Esa sensación de querer protegerlos, de sentir que si no hacías algo probablemente saldrían más heridos. Sí, la policía estaba en camino. Sí, el médico también. Sí, los gritos deberían haber atraído a la multitud, pero sin embargo... Estábamos completamente solos.
Esa sensación de impotencia, de rabia, de ver cómo los lastiman a cámara lenta, una y otra vez. Ver que van armados y tú tan solo llevas puesta tu chaqueta.
Sensación de sentirte mierda y saber que si te metes en medio es posible que la situación se agrave con más heridos en el hospital, porque donde tú les haces cosquillas, ellos te rompen el cráneo.
Esa momento donde , cuando todo ha pasado, te achacas la culpa y piensas si tal vez todo habría sido diferente de haber sacado un poquito más de valor, y aun sin saber pelear lo hubieras dado todo. Si tal vez hubieses sabido alguna técnica que los descoloque o si solo tal vez hubieras salido corriendo al bar o pub más cercano, tomado algo que pudiera ahuyentarlos o dañarlos, un palo, una botella, una silla; y haber vuelto para poder proteger a los lastimados. 
Te preguntas si tal vez eres tú quien tendrías que haber cambiado para que aquello no hubiera sucedido de esa forma.
Ese momento en el que habrías preferido no dejar que el miedo te recorriera entera, acelerando el corazón y complicándote pensar con claridad.
Esa sensación de sentir que se ha cometido una injusticia delante de tus narices y no haber podido hacer nada porque muy poco había en tu mano para evitar aquello.
Ese momento, que tantas veces te enseñaron a recrear en tu mente para poder salir bien, que quedó reducido a trizas en la hora de la verdad.
Si tan solo hubiera sido otra... Si tan solo hubiera cambiado las cosas...



sábado, 8 de marzo de 2014

AYUDA

Hola! Me llamo Anouk. Soy un cruce entre pastor aleman y pastor belga de 4 años muy majo, muy juguetón y muy cariñoso. Sin embargo tengo un pequeño problema, mis dueños a quienes quiero mucho no pueden cuidarme y necesitan un dueño que me quiera y me cuide. Oye, podrías ser tu!  Estoy vacunado y soy tan tranquilo como buen amigo y cariñoso. Pero si no estas interesado, manda este mensaje a todos tus conocidos, y asi, entre todos, ayudemos a mis dueños a conseguirme un nuevo hogar.
Aquí teneis unas buenas formas de contactar con ellos:
-963829424
-608525920
O por correo:
-sumumquetum@gmail.com


jueves, 6 de marzo de 2014

UNFAIR

Ellos que se dan cuenta al segundo de que estás mal, que te acompañan haciendo de un silencio frío e incómodo uno agradable y cálido, que cuando no tienes con quien hablar se sientan frente a ti y te miran con sus pequeños y vivaces ojos inteligentes. Ellos que nunca te abandonan ante las circunstancias, siempre a pie de cañón, capaces de pelear por ti e incluso de dar su vida. Ellos que cuando enfermas te velan, cuando ríes rien contigo juguetones, cuando estas triste lloran y cuando tienes miedo se quedan junto a ti para ahuyentar tus miedos. Ellos que siempre salen los primeros a darte la bienvenida cuando vuelves de un largo viaje o solo cuanto te vas por unos pocos minutos. Padres de padres, amigos de amigos. Los guardianes más fieles, los médicos más eficaces. Su mejor remedio, su compañía.

Sin embargo, nosotros... Nosotros ( muy pocos por desgracia) somos capaces de corresponderles con la misma lealtad. Están los otros que tienen animales por mero arma, los descuidan cuando están enfermos con la manida frase de "Si se muere cogemos otro". Los otros que no los escuchan, que no los quieren, que no son capaces de reír con ellos, solo de reñir. Están los otros que no ven más allá de un animal, y estamos nosotros que vemos un animal cercano a lo humano. Son capaces de aprender a comportarse e incluso a contener en la mayoría de las ocasiones son impulsos. Los otros que dicen lo contrario, como "Son animales completamente irracionales", es que jamás probaron un intento de cercanía, enseñarlos no es lo difícil, lo difícil es tener paciencia.

Es por eso, y solo por eso, que cuando veo todo lo que ellos son capaces de hacer por nosotros, siento una fuerza nacer en mí, desconocida y poderosa, que me hace salir adelante peleando por ellos, porque si algo he aprendido en mi corta vida, es que ellos no merecen que nos rindamos sin más, y también que muchísimas veces demuestran tener más humanidad que algunas personas.



jueves, 23 de enero de 2014

BRAZOS

Ajá. Esos brazos que te rodean, parecen creados para ti, amoldados a la perfección, no hay error alguno, no hay fallos. Esos brazos que en invierno te dan calor resguardándote del frío que trata de congelarte desde lo más profundo del alma. Esos brazos que en verano te dan un calor distinto al asfixiante que amenaza con provocarte un desmayo, que refrescan. Esos brazos que te consuelan cuando infinitos recuerdos dolientes te atacan dejándote en la miseria, que te guían cuando andas perdida a la hora de decidir cosas importantes, que te levantan cada vez que caes y con cariño te limpia las heridas y te las cura mientras restañan tus lágrimas saladas y te dicen que todo irá bien. Esos brazos que encuentran tus puntos débiles para matarte de risa cuando lo necesitas o simplemente porque quieren verte feliz. Esos brazos que te resguardan de la lluvia con intención de evitar que pilles un resfriado, o que los extiende junto los tuyos para recibir el fresco aire de primavera. Esos brazos que te abrazan por la noche alejando de ti esos malos sueños que consiguen que cada noche grites… que te protege de cualquier miedo. Esos brazos que te levantan hacia el cielo con tal de que algún día puedas tocar las nubes, que te prometen todas las estrellas que quieras y llevarte a la luna algún día. Esos brazos que cuando están contentos te abraza y cuando están tristes te piden que los abraces. Esos brazos por fortuna existen, y no todo el mundo por fortuna los tiene.




martes, 14 de enero de 2014

SILENCIO, POR FAVOR

Hace un día muy frío. Pequeñas gotitas de agua de lluvia se condensan en mi ventana al sentir mi tembloroso y cálido aliento que empaña el cristal. Con la misma manga mojada por mis lágrimas retiro la fina capa de humedad para poder mirar fuera, a la calle, aquella calle formada por historias, historias que yo puedo ver.
Una pareja empapada corre riendo hacia el portal, parece que estan jugando. Ella bromea diciendo que en los charcos habitan pequeños peces de colores parlanchines y él se ríe. Se miran, se despiden con un abrazo, y mientras la muchacha entra en el patio, él se va feliz a su casa. Ellos se quieren pero todavía no se han decidido.
Más tarde una niña pequeña, que se parecía bastante a la chica de antes, sale corriendo a la calle y se pone a saltar encima de unos charcos manchándose entera. Tras ella corren sus padres riéndose cual críos, la cogen de las manitas y todos juntos marchan calle abajo para ir a recoger el coche y marcharse al cine a ver una peli que a la pequeña le hacía ilusión.
Minutos más tarde, una muchacha cuya altura era la media entre las dos anteriores y su físico semejante, baja corriendo con una linda perrita de raza pastor belga. La saca a pasear a pesar del temporal porque sabía que en poco tiempo la perdería, por lo que trata de disfrutar con ella al máximo.
- "Parad... Por favor"- le pido a mis recuerdos. Quería dejar de sentir añoranza por ellos, quería ser feliz. Por supuesto que no me arrepentía de mi presente, pero no me hacía falta que el pasado me tendiera una mano, al menos no en ese momento. 
De repente mi móvil vibró. Un mensaje de "Te quiero" supo aligerar el peso de aquella tarde, y tal y como habían venido, los recuerdos volvieron a delegarse a aquel cajón cerrado con la llave de mi corazón.


lunes, 13 de enero de 2014

LA ILUSIÓN DE UN REGALO

Oscuridad. Padres y niños abren un pasillo. Hijos inquietos corretean de un lado a otro riendo mientras que sus padres tratan de contenerlos.
La voz de un presentador anuncia la entrada de los tres grandes reyes, que prometen regalos para el mundo entero, y a continuación se abre la puerta del fondo dejándolos ver uno a uno con sus respectivos lacayos.
En fila, discurren por el pasillo formado, saludando y lanzando chucherías y pequeños abalorios de juguete, hasta llegar al podio y sentarse allí.
Echas una mirada a tu alrededor y ves risas y llantos de los más pequeños, y te llama la atención la bebé, que se encuentra al lado tuyo, de apenas un año. ¡Cómo brillan sus ojos de emoción! ¡Cómo se ilumina su redondita y mofletuda cara! ¡Cómo sonríe ante la situación y desprende ilusión!. Realmente te sorprendes, porque tú ya conoces la verdad que se esconde tras aquellos reyes, tú ya has descubierto el mágico misterio que envuelve a la navidad, y es por eso que ya no lo vives como ellos.
Pero también eres consciente de que crezcas lo que crezcas y vivas lo que vivas, el sentimiento de la ilusión de un regalo cuyo interior desconoces, es la misma que la ilusión de aquellos niños. Es en ese momento cuando los pequeños y tú os unís bajo el son de una misma melodía.
Se te erizan los pelos cuando recuerdas tu niñez, cuando corrías por ponerte en primera fila para poder verlos mejor, o cuando te levantabas a las ocho de la mañana saltando encima de la cama de tus padres gritando: "¡Ya han venido los reyes!", cuando corrías a casa de tus primos en pijama y con el pelo revuelto a por tu regalo...¿Y recuerdas también tu cara cuando te decían: "Pórtate bien o si no los reyes te traerán carbón"?. Cuando simplemente te emocionabas cada vez que te decían: "Esta noche vienen los reyes".
Es por eso, y solo por eso, que cuando los ves, aún sabiendolo todo, te ríes y te emocionas como un niño, porque al fin y al cabo, por estas fechas, te sientes como uno de ellos.